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martes, 15 de enero de 2013






UNA MIRADA A LA POESÍA DE FÉLIX PILLET

 
Hoy sube al tren del último curso la poesía de Félix Pillet, nacido en Alicante y residente en Ciudad Real desde 1975, según consta en la solapa de uno de sus libros. Este catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Castilla La Macha es un alicantino felizmente aclimatado en la llanura manchega por la que ya no cabalgan ni don Quijote ni el bueno de Sancho Panza.

Autor de una breve pero interesante obra poética que se encuentra recogida en los tres poemarios publicados hasta el día de hoy: “De amores batallas mentiras” (1979); “Con el mar a las espaldas” (1998); y “Memorias de papel” (2005). En el prólogo “De amores batallas mentiras”, Rodríguez Puértolas  escribe que Pillet es “un poeta tan falto de retórica como repleto de sinceridad y de preocupaciones seriamente humanas y sociales: los poemas que se incluyen en este libro son buena prueba de ello”. En el prólogo de “Con el mar a las espaldas”, su autor, Jesús Barrajón, apunta que “el proceso personalizador lo ha conducido a una poesía más directa, espontánea y sentimental” en la que “la que fuera su interesante voz juvenil ha madurado en estos poemas secos y entrecortados que lo retratan como un hombre y un poeta más cansado, pero también más sabio y más feliz”. Por último, el tercero de los prologuistas, Miguel Galanes, expresa que en “Memorias de papel”,  “se nos dan las señas de identidad de un hombre que, tras lo vivido y admitido, decide por la calma, la fortaleza de la intimidad, la ironía y el amor como salvoconducto hacia una posible felicidad”.

Las breves referencias a lo dicho en los prólogos permiten establecer unas coordenadas de lectura para adentrarnos por el ámbito poético de estos tres libros que forman la producción poética de Félix Pillet, donde se refleja la experiencia vital del sujeto poético que deambula por estos versos, desde los años de la juventud impaciente hasta la madurez en la que la memoria se convierte en ese ámbito que encuentra su adecuado ajuste con el presente.

Son muchas las reminiscencias poéticas  que emanan a lo largo y ancho de lo que el propio Pillet llama geopoesía, pero ninguna tan directa como la de ese “… mar/ que es el vivir”. Con ello rompe Pillet, aunque no sea el primero, con un cliché ideológico que nos formulaba el mar como ese espacio al que iban los ríos a morir, transformándolo en un elemento clave del paisaje sentimental que evoca su poesía, en la que también vamos a encontrar borrascas, nieblas, meandros, atmósferas, vientos, arenas, anticiclones… Palabras que se convierten en iconos, en símbolos que expresan la interioridad del sujeto poético que deambula por esta geopoesía en la que, a pesar de que leamos “y ahora/con las ingles canas/divago sin meandros/por esta geopoesía/de mi absurda cátedra”, no siempre está libre de escollos, como el dolor o el desamor, que expresan esas “…borrascas/ que se desangran en lamentos”-, o “…la sequía/ que cuarteó la tierra/ que barrió las canas/ de las cimas/ que vacío las tuberías/ de la vida” hasta que “un día/ se rompió el cielo/y la lluvia “como siempre ocurrió/ en el pasado/ vino a romper/ con la sequía”.

A pesar de todo, la presencia del dolor y del desamor no rompe la esperanza, pues la sucesión de los ciclos y de las estaciones permiten esperar “el reflorecimiento de la primavera”.

Junto a los elementos del paisaje natural, hay referencia a un paisaje urbano que se refleja en esas tres  ciudades que son Alicante, Ciudad Real y Madrid. Después ese ámbito se va haciendo más íntimo hasta aparecer el espacio doméstico –“y en un beso/ te absorbo/ hasta el balcón/ de mi terraza”- que se hace más intimista en su último poemario donde “nada de entonces/ suplanta la actual culminación/ de todos los placeres”.

La conjugación de todos esos elementos forma el paisaje de su sentimentalidad cuya clave la sigo viendo en el mar como metáfora del vivir por el que transcurre ese sujeto poético que se esconde tras la máscara, que se expresa bajo la espesura de estos versos que reflejan ese paisaje sentimental que Pillet construye en su geopoesía. Lo que viene a justificar su léxico, las palabras con las que configura ese lenguaje que le da su singularidad.

 

 

 

 

jueves, 27 de diciembre de 2012





INOCENTES

 

A Mamayiyi

 

 

Tenía el cutis más hermoso que he conocido. Ya había cumplido los ochenta años y todavía su piel mantenía la suavidad de un pétalo de rosa. Otra de las cosas que recuerdo de ella era su buen humor y que fuera la que nos recordaba todos los 28 de Diciembre que era el Día de los Santos Inocentes. Solía  ponerse un letrero, que sujetaba con un imperdible en su blusa a la altura del pecho. Se acercaba a la primera persona que se encontraba y solía pedirle un billete o cualquier cosa de poco valor, una vez que ya lo tenía en su poder le decía aquello de “los santos inocentes te lo pagarán”. Recuerdo la cara cándida que se le quedaba a quien le daba la inocentada, sobre todo cuando se percibía del letrero que ella llevaba bien visible y en el que podía leerse: ¡Ojo! Hoy es el día de los inocentes. Cuidado con las inocentadas.

Esto lo repitió un año tras otro, hasta que el alzhéimer le robara la memoria, y para nosotros, los niños de la casa, sus bromas suponían la celebración de un día de fiesta que todavía en aquellos años no relacionábamos con el relato que más tarde leímos en el Evangelio de San Mateo:

Cuando nació Jesús, llegaron del oriente unos sabios preguntando por el rey de los judíos. Al enterarse Herodes los llamó y les pidió que regresaran para decirle donde se encontraba Jesús. Pero avisados para que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. Después de que partieron los sabios de Oriente, un ángel del Señor apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Permanece allí hasta que yo te lo diga, porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Entonces, cuando Herodes se vio burlado por los sabios, se enojó mucho y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo indicado por los sabios. Una vez muerto Herodes, la familia de Jesús regresó a Israel y se estableció en Nazaret, para que se cumpliera lo dicho por los profetas.

Aquella matanza, cuyo carácter histórico está en entredicho, tiene un significado simbólico hoy en día cuando se sigue conmemorando la muerte de aquellos niños que murieron a causa del temor de Herodes a ser destronado por Jesús.

Luego nos dijeron que este episodio es una invención que no se corresponde con la historia, pues Herodes nunca ordenó la matanza que describe el autor de esta versión del evangelio. Sin embargo, la leyenda de Herodes sigue transmitiéndose de generación en generación y su figura se recuerda  como la del rey que mandó matar a todos los inocentes de Belén y de sus alrededores.

Todavía hoy siguen existiendo inocentes, sin necesidad de echarle la culpa de ello a Herodes. Cientos de niños sufren persecución a causa de los recortes impuestos a la escuela, a los hospitales, al desempleo de sus padres, a la desprotección social, a la falta de ayuda a los centros de acogida; a la ocupación israelí en territorios palestinos; a los enfrentamientos armados en  las ciudades sirias; a la miseria existente en barrios proletarios y marginales de muchas ciudades de Europa, América, Asia, África y Oceanía. Todos ellos son los inocentes de esta segunda década del siglo XXI, perseguidos y muertos por las espadas del hambre, de la guerra, del desempleo, del analfabetismo, de la falta de presupuestos para pagar sus medicinas…Todos ellos son inocentes, víctimas de la ambición de los poderosos, como aquellos niños que murieron por el temor de un rey a ser desplazado del poder por un desconocido que, según dicen, vino al mundo en un pesebre.

martes, 4 de diciembre de 2012






A PROPÓSITO DEL DÍA DE LA CONSTITUCIÓN

Muchos libros tienen en su interior la fecha y el nombre de la ciudad donde un día alguien los compró; incluso, con una caligrafía entrañable, guardan  el nombre de quien lo hizo. Son costumbres que permiten, muchos años después, recordar aquel día en el que ese alguien entró en una librería y adquirió una novela,  un libro de poemas o de cualquier otro género. Esto nos habla de cosas entrañables, de las lecturas que nos interesaban en aquel tiempo o el motivo por el que compramos aquel libro que, al abrirlo muchos años después, nos evoca sentimientos y emociones  entrañables; incluso si es un extraño el que lo mira también puede experimentar emociones al descubrir por casualidad lo que otro escribió en  alguna de sus páginas sin imaginar siquiera que un día otra persona pudiera leerlo.

Quienes amamos los libros no solemos desprendernos de ellos y siempre que alguien que vive con nosotros nos hace la sugerencia de que sería conveniente deshacernos de algunos, sobre todo de esos que hace años que no hemos abierto, encontramos una excusa para dejarlos en ese lugar de la estantería que ya le pertenece y del que por nada del mundo querríamos desahuciarlo.

Entre esos libros he abierto uno que adquirí hace ya más de treinta años, con la intención de que mi hijo, que acababa de nacer apenas unas horas antes de que yo pasase por una librería hoy ya desaparecida, como tantas cosas en esta ciudad azotada por la crisis, lo pudiera leer pasados unos años; y he encontrado estas palabras, escritas de mi puño y letra: “En este día nació mi hijo Fernando. Ciudad Real a 19-X-82”. Se trata de un ejemplar de la Constitución Española de 1978. El por qué compré este librito aquel mismo día creo recordarlo todavía hoy: Hacía poco más de un año del golpe militar conocido como  el 23- F  y la Constitución se había convertido en un icono para muchos españoles, sobre todo para los que habían crecido durante los años de la dictadura franquista y, por ello,  veían la democracia como una  forma de vivir que deseaban para sus hijos, frente a la que les impuso a ellos aquel régimen nefasto que perseguía a todos los que no le manifestaban su adhesión inquebrantable.

La Constitución de 1978, “aprobada por las Cortes y ratificada por el pueblo español”, era el mejor garante frente a las amenazas golpistas que pretendían devolvernos a las catacumbas de la dictadura. Quizás por ello entré en aquella librería  de la Plaza Mayor, llamada  todavía en 1982 Plaza del Generalísimo. Todo un icono de que el régimen no  había desaparecido de los usos y costumbres de la sociedad española en aquellos días en los que gran parte del país vivía la esperanza de un cambio que estaba a punto de iniciarse con la victoria del PSOE, que ganó las elecciones unas semanas después, el 28 de octubre de 1982.

Tenía motivos para la alegría. Acababa de tener un hijo, España caminaba hacia la transformación democrática y los cambios parecían posibles. La Constitución se convirtió  en el referente de un pacto entre los diferentes grupos políticos del país y -¡por fin!-  los viejos demonios parecían controlados por las fuerzas del bien. Todavía quedaban antiguos problemas por resolver y otros nuevos surgieron con el paso del tiempo, pero la mayoría de los ciudadanos de este país dirigían sus miradas, tal como expresó quien estaba al frente de ellos, “al porvenir con fe, con optimismo, con decisión y valentía, con la más ilusionada de las esperanzas”.

Treinta y cuatro años después miro a mi alrededor y,  al ver sólo “los muros de la Patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados”, me pregunto si serán los años los que me hacen ver el panorama sombrío, como le ocurriera al poeta barroco que no hallaba otra cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte. En este solar en el que se ha convertido España, lleno de empresarios especuladores, políticos sin escrúpulos, gobernantes sin principios y tantos otros personajes que parecen haber salido de las tinieblas de los cuadros que cuelgan en los muros del Prado, parece que no me queda otra que la desesperanza y el desánimo ante tanta ruina que sesga a la juventud su esperanza y a los viejos la  vida que les queda.

La Constitución de 1978, que supuso una esperanza para la mayoría de los españoles, mujeres y hombres de cualquier clase social, de cualquier ideología política o credo religioso, ha tenido durante muchos años su día de fiesta,  aunque con el paso del tiempo se ha convertido  en una conmemoración  vacía de contenido, en un festejo más de los muchos del calendario de la España oficial y retórica de hoy.

¿Es la Constitución de 1978  papel mojado, barquito a la deriva en manos de políticos  que la reforman y la incumplen a su antojo, en connivencia con los mercaderes, a los que ningún mesías llega a tiempo de expulsar del templo,  invadido para hacer sus negocios, mientras que el pueblo, distraído con juegos artificiales, no llega a alcanzar ese estado de conciencia que lo haga derrocar a los sátrapas y expulsar  a los poncios  de los nuevos imperios que lo dominan?


lunes, 12 de noviembre de 2012







 

PRIMERA HUELGA  GENERAL  EN LA PENÍNSULA IBÉRICA


Es inevitable escribir, aunque sólo sean unos párrafos, sobre la convocatoria de huelga general que, por primera vez en la historia de la Unión Europea, se ha convocado simultáneamente  en diferentes países, con una reivindicación común. Chipre, Malta, Portugal, Italia y España vivirán una jornada de huelga general que será apoyada con movilizaciones en Francia, Grecia y huelgas sectoriales en la Bélgica francófona.

Sin duda que alguien pensará que dedicar un tiempo a este asunto no debiera ser objeto de este tren del último curso. Sin embargo,  es un tema que me atrae, no sólo por solidaridad sino también por mi concepto de la ética. El que la convocatoria también vaya  dirigida a nuestros hermanos portugueses, a esos otros iberos del oeste, y a los griegos de la antigua Grecia y a los italianos del antiguo Lacio da  a esta huelga, la primera de carácter internacional de la historia, un aire nuevo. ¿Acaso no son los tres pueblos más cultos de Europa y curiosamente hoy de los más expoliados por la nueva forma del capitalismo internacional?

Para los que nacimos en los años cincuenta estos tiempos nos evocan aquellos años grises, turbulentos y miserables de los años de posguerra. A principios de los sesenta los andenes de las estaciones se llenaban de gentes con maletas de cartón piedra o de madera que abandonaban sus pueblos de La Mancha, de Andalucía o de Extremadura hacia las tierras ricas del Norte o del Levante español, también a los países allende los Pirineos en busca de una vida con más posibilidades que las que tenían en sus pueblos en manos de caciques o de una aristocracia sin más apego que la renta de sus tierras.

La primera huelga que conocí, siendo todavía un niño, fue la de 1962. Dicen que comenzó en las minas de Asturias, pero también llegó a las cuencas mineras del sur como la de Puertollano donde yo vivía entonces. Las calles estaban vacías, ocupadas sólo por una atmósfera tensa. A veces salíamos a la calle para buscar alimentos perecederos y era difícil encontrar algunas tiendas abiertas. Toda la ciudad vivía impregnada de los aires de la huelga. Fueron varios días de tensiones, de enfrentamientos entre las fuerzas de la guardia civil y los huelguistas, en su mayoría mineros. No guardo recuerdos felices de esos tiempos, pero en ellos aprendí la conciencia de clase, el arrojo de aquellos hombres y mujeres que luchaban por conquistar derechos que los oligarcas de las grandes empresas, con la complicidad de los que usurpaban el gobierno, les negaban.

Hoy, cincuenta años después, estamos padeciendo una ofensiva de lo que en términos clásicos hemos llamado capitalismo y vemos cómo se está produciendo el desmantelamiento de ese Estado democrático y social a cuya creación nadie contribuyó más que los trabajadores a lo largo de los años de la Dictadura y que se formuló en la Constitución de 1978 cuyo Artículo 1 expresa:

1.    España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
2.    La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
3.    La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.

Dejando aparte el punto 1.3 referente a la monarquía, los puntos 1.1 y  1.2 dejan claro el carácter social y democrático, junto al hecho de que la soberanía reside en el pueblo español. Pues bien, de unos años acá se está produciendo un ataque al Estado social y democrático y a la misma soberanía de los españoles por parte de los llamados mercados, con la complicidad de la llamada clase política que está llevando a cabo un cambio legislativo y un incumplimiento de sus compromisos electorales ante la ciudadanía española que conduce a una deslegitimación de su gobernanza en contra de los intereses relacionados con derechos tales como el derecho a la educación, al trabajo, a la salud, a un sistema de servicios sociales que atienda los problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio; además de vulnerar cada día nuevos derechos adquiridos a lo largo de muchos años de sacrificios.

¿Quién es el responsable de lo que está causando el daño que sufre un número cada vez mayor de ciudadanos? La agresión al derecho a la educación, a la salud, a las necesidades de los mayores, de los dependientes. La desaparición de derechos como la protección ante una enfermedad que impida asistir al trabajo. Todo ello exige una reacción, una respuesta por parte de los ciudadanos; hoy es preciso desempolvar los viejos versos de aquel poeta llamado Gabriel Celaya que nos animaba a salir a la calle y a luchar por nuestros derechos porque “basta ya de historias y de cuentos”:

¡A la calle!, que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

Ese algo nuevo al que se refería Celaya debe reescribirse hoy  en una respuesta adecuada a los problemas que ahora nos amenazan. Es necesario que la  huelga sea  una movilización no sólo contra, sino para demostrar que se puede vivir de otra forma a la que nos quieren imponer quienes deciden  las medidas que están aplicando los gobiernos satélites del capitalismo internacional contra  los derechos de la mayoría de los ciudadanos de los países de Europa, sobre todo de los que están en el punto de mira de los intereses representados por la banca internacional y los fondos de inversión.

No aceptemos los yugos que nos quieren poner y seamos conscientes de la necesidad de luchar, de salir a la calle, ya seamos trabajadores con empleos precarios, estables, pensionistas o sin empleo. Es imprescindible participar en la huelga, al margen de las discrepancias que cada uno pueda tener individualmente con las organizaciones convocantes y sus dirigentes; participar en defensa de nuestros intereses y del futuro de nuestros hijos es un deber ético y de compromiso ciudadano frente a la desenfrenada agresión a nuestros derechos y a nuestra dignidad como personas, a las que quieren hacer retornar a las relaciones de esclavitud de tiempos no tan lejanos. Frente a nosotros sólo están los grandes especuladores y, como siempre, sus cómplices  inconscientes.

 

sábado, 27 de octubre de 2012

 








CALLEJEANDO CON JUAN RAMÓN

A mi amigo Antonio Mancheño, con quien compartí tantos paseos por Moguer
 

Te invito a pasear por las calles de Moguer en compañía de Juan Ramón Jiménez. No es imposible si tú dejas libre la imaginación; lo demás, comprobarás que es muy sencillo.

Cuando llegues al pueblo busca la calle de la Ribera. En ella se encuentra la casa natal de Juan Ramón… ¿Recuerdas aquel fragmento de Platero y yo en el que el narrador de la historia habla de esta casa?

          -Aquí en esta casa grande, hoy cuartel de la Guardia Civil, nací yo…

Desde la calle de la Ribera te puedes dirigir a la calle Nueva y, una vez allí, buscar la casa a la que se trasladó la familia de Juan Ramón. No olvides el fragmento del libro en el que nos habla de ello:

-Después, mi padre se fue a la calle Nueva, porque los marineros andaban siempre navaja en mano, porque los chiquillos rompían todas las noches la farola del zaguán y la campanilla y porque en la esquina hacía mucho viento.

Leyendo Platero y yo has comprobado que la costumbre de cambiar el nombre de las calles no es sólo de nuestra época, ya antes solía ocurrir. ¿Sabes qué otros nombres ha tenido o tiene la calle Nueva?

          -En la calle Nueva –luego Cánovas, luego Fray Juan Pérez- la casa de don José, el dulcero de Sevilla… ¡Qué encanto siempre, en mi niñez, el de la casa de enfrente a la mía!

Presta atención a los actuales nombres de las calles por las que pasas, por si alguno de ellos te recuerda aquellos otros que aparecen en Platero y yo: la calle de las Flores, la calle del Coral, la calle de Enmedio, la calle de la Fuente, el callejón de la Sal o el del tío Pedro Tello… ¿Has encontrado la plaza de las Monjas? ¿Recuerdas cómo se llama la iglesia donde se encuentra la torre del pueblo?

        -Ya en la cuesta, la torre del pueblo, coronada de refulgentes azulejos, cobraba en el levantamiento de la hora pura, un aspecto monumental. Parecía, de cerca, como una Giralda vista de lejos…

¿Has dado con la plazoleta de los Escribanos?

Una vez que has terminado de callejear por este pueblo marinero por qué no vuelves a leerte Platero y yo y recuerdas aquellos personajes que, como el Arreburra o el niño tonto de la calle de San José, todavía siguen impregnando de tristeza y de ternura estas calles de Moguer.

 

viernes, 19 de octubre de 2012






ENTRE EL CINABRIO Y LA NIEBLA

 

Aunque hayas jurado no regresar, siempre se vuelve porque un día hay algo que te lleva hacia el lugar donde una vez estuviste. Regresas y entonces compruebas que la vuelta no es otra cosa que un intento, quizás inútil, de volver a aquellos momentos que recuerdas. Eres consciente de que te mueves entre espejismos, los mismos que sufre quien perdido en el desierto deambula errático por los áridos espacios que trastornan su conciencia. No importa el nombre que pongas a ese lugar que tú identificas con el pasado, con esa ciudad que fue el espacio por donde anduviste según te informan las imágenes que todavía guardas en tu memoria. Cuando regresas a ella encuentras que sus calles sólo conservan los nombres con los que  entonces se identificaban y no todas, pues en algunas fueron cambiados por el capricho de quienes deciden hoy su destino.

Aunque la ciudad ofrece un aspecto renovado, encuentras algunas casas deterioradas, abandonadas por los que un día vivieron en ellas; o vacías por la ausencia involuntaria de quienes las habitaron. Al pasar por ciertos lugares  evocas las personas que un día anduvieron por allí; y compruebas que donde hace años se encontraban tabernas donde acudías y en las que las voces y el vino te hicieron vivir noches de fiesta, hoy los planes urbanísticos han levantado otros edificios que dan una fisonomía, diferente a la que recuerdas, a las calles por las que transitabas con aquel aire bohemio de tu juventud.

De Almadén recordabas la humildad de sus gentes, su habla característica y sus bailes de carnavales. Las tardes de vinos por algunos de sus bares y las noches en sus terrazas. Días claves como el 23 F que viviste  allí y aquellos años de la transición hasta 1982 en los que toda España vivía sobresaltada por el envenenamiento con  aceite de colza. No fue nunca Almadén una ciudad afortunada, pues como otros núcleos mineros sufrió el expolio de las compañías que extraían sus riquezas y sólo dejaban allí los residuos y las enfermedades propias de las minas. Las riquezas naturales de Almadén no se han explotado en beneficio de sus habitantes, obligados a emigrar a otros puntos de la provincia y del país para buscar las oportunidades que no tuvieron en su tierra de origen. De los más de nueve mil habitantes que tenía a principios de los años ochenta, hoy apenas si pasa de seis mil. En estas tres últimas décadas ha perdido más de tres mil personas, siendo lo más preocupante el progresivo envejecimiento de su población.

Una vez que ha desaparecido la actividad en las minas y se ha producido una pérdida de población, la ciudad está intentando reinventarse con otras formas de mantenimiento y de desarrollo. Es como el ave Fénix que pretende resurgir de sus propias cenizas. Llevados por ese deseo de sobrevivir  los actuales habitantes han cambiado de ocupación  y se dedican a atender a cientos de turistas que vienen atraídos por las ofertas que ofrece una ciudad que aunque ha sido declarada patrimonio de la humanidad no puede evitar que muchos de sus vecinos se quejen de la triste situación en la que han quedado después del cierre de las minas, su verdadero patrimonio,  que fue desde siglos su santo y seña.
 
Cerradas sus minas de mercurio, desprovista la comarca de auténticas políticas de desarrollo de sus recursos ganaderos y agrícolas, sus gentes parecen condenadas al ensueño del turismo, a mostrar a los visitantes sus paisajes, sus museos, sus edificios restaurados… Llama la atención cómo Almadén busca en su pasado los medios para vivir en el presente. La mirada atrás permite encontrar una serie de elementos que transformados en productos culturales pueden ofrecerse a un público ávido de imágenes pretéritas. La galería de penados, el recuerdo de sus mineros, de sus edificios antiguos, la plaza de toros y su gastronomía permiten una actividad de la que pueden vivir quienes todavía no han emigrado y se han convertido en resistentes con la intención de mantener en pie esta ciudad que tiene tras de sí tantos siglos de historia.

No renuncian las gentes de Almadén a otras formas de desarrollo. En las proximidades del casco urbano, de regreso a Ciudad Real, puede contemplarse el polígono industrial conocido como “Pozo de las Nieves”, donde hay más de sesenta parcelas equipadas para la instalación de industrias que pueden ayudar a que Almadén deje de ser esa zona deprimida en la que se ha convertido en los últimos años. El establecimiento de empresas dedicadas a la producción de derivados del cerdo ibérico y de la caza, de quesos elaborados con leche de oveja merina, el envasado de berenjenas en vinagre y otros productos puede ser muy importantes para la zona si consiguen darse a conocer  en el mercado español e internacional.

Este deseo de renacer de sus propias cenizas convive todavía con la presencia de ruinosas costras que la herida del tiempo muestra en las fachadas de sus casas abandonadas, en las que la indolencia de la administración local no ha conseguido borrar esa imagen de decadencia ya endémica desde hace muchos años en la ciudad. Un paseo por sus calles permite descubrir una rejería artesana, puertas antiguas y esas gárgolas de sus tejados rojos que constituyen un peculiar museo al aire libre que no pasa desapercibido a los atentos ojos de los nostálgicos transeúntes. El paseante se obsesiona con esas fachadas deterioradas, iconos que hablan de un presente lleno de contradicciones. A pesar del esfuerzo de la ciudad por sobrevivir, las fachadas de sus casas abandonadas proyectan sobre el visitante la sensación de una ciudad fantasma cuya aspiración no parece ser otra que encontrar en su pasado milenario los recursos para sobrevivir en este presente cuyo horizonte parece estar limitado por el obsceno deseo de quienes se han propuesto dejar esta hermosa tierra fuera de sus planes de inversión, aislada y lejos de los grandes centros neurálgicos del desarrollo.

 

  

 

 

 

domingo, 7 de octubre de 2012








PALABRAS PARA ALICIA
 
Al cumplir los años que cumples si los multiplicas por dos casi te dan los años que yo tenía cuando tú naciste. Para ti son apenas unos años, para mí la mitad de mi vida; para ti una nube de algodón cargada de agua que caerá pero para mí una nube de esas que pasan sin dejar rastro. Me pregunto si te di todo el tiempo que debía darte; si te presté toda la atención que tenía que prestarte. Ser padre no es fácil, nadie te enseña. Ni  siquiera te sirve tu experiencia como hijo aunque te fijes en cómo se portaron contigo y quieras hacerlo igual o mejor. Con el paso del tiempo nunca sabes si acertaste o si no lo hiciste.
 
Tal como están los tiempos  a mí sólo se me ocurre que lo mejor que he hecho es permitir que hayas nacido, haberte visto crecer y vivir los sofocos que siempre dan los hijos y poner los sueños que ponemos los padres. Aunque a veces pienses que porque  
 
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
 
Recuerdo aquellas noches en que te contaba cuentos, muchas veces improvisados a pesar del cansancio de una larga jornada…Pero era dulce ver cómo te quedabas dormida antes de llegar al final…Luego fuiste creciendo y sentí  cómo te alejabas de mí…Pensé que algo no había hecho bien…Pero  después  volviste a ser aquella niña indefensa y dulce que me llamaba por mi nombre y sentí que habías regresado de nuevo.
 
Por eso, hoy cuando ya eres una mujer que se enfrenta a la vida, quiero dejarte esta canción que yo leí hace muchos años pensando en ti aunque  tú aún no habías nacido. Léela con atención y escúchala siempre que te encuentres sola o perdida para que te oriente como siempre me orientó a mí.
 

PALABRAS PARA JULIA
 
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

 José Agustín Goytisolo